jueves, 28 de octubre de 2010

Sin inteligencia al gran precipicio

¿Qué le pasa a la juventud de estos días ? Vaya pregunta, la he escuchado miles de veces. Y , ¿ qué le pasó a las juventudes anteriores? Estaría bueno que alguien me responda eso también. Lo único que oigo son viejos quejosos sobre los accionares que tienen "los chicos estos". ¡Por favor! Seamos sinceros! Sabemos que más de una vez esas cosas que tanto critican ellos las han hecho. Lo que si puedo afirmar es que hay una caja boba que idiotiza a todo humanoide que se siente frente a ella. Resulta que un grupo de gente se reune para decidir que es lo que conviene esparcir por la sociedad como un mágico polvo de "hadas" malignas que quieren envenenar cerebros.Lamentable, lamentable. lo más trágico, de todos modos, es que pasamos a ser seres poco sensitivos, no-pensantes, sin imaginación alguna. Hemos perdido la capacidad de criticar según parece. Lo cierto que es los que ya andan creciditos por la vida se quejan de los que recién comenzamos a caminar, a su vez, nosotros nos quejamos de ellos, que con saña cruel ponen palabratrabas en nosotros, calificándonos como cuasiprotopersona . Lamentable, ya lo dije, lamentable. Oh mi Dios, me estoy perdiendo America's Next Top Model !

sábado, 9 de octubre de 2010

Sin sentido

Canto, río, lloro, tiemblo
Cuanto tiempo, mas no alcanza.
Vivo con los suspiros,
vivo de los suspiros.

Intento dejar de pensar,
pero mi cabeza sigue ,
es en vano,
no puedo parar.

Un espejismo aparece ante mí
tan real como lo puedas sentir.
Y en eso me doy cuenta, estoy sobre un abismo.
Un pozo, un hueco carente de sentido.

No se si la vida luego seguirá,
pero se que lo que viva depende de mi.
Mis alegrías y tristezas solo puedo manejar,
esta sin sentido vida algo más tendrá...

Entonces me doy cuenta,
lucho, lloro, río, pienso
tiemblo, canto , bailo
camino, corro y vuelo alto y más alto...

martes, 5 de octubre de 2010

Luces

El televisor encendido. El humo del cigarrillo y el cenicero en la mesita ratona. Yo, yo y yo. Sola. Ahí, sentada en el piso. Pestañeando voluntaria y continuamente. Con un sentimiento de angustia agotador.
Ayer caminaba por la calle y a vi a una mujer pegarle en la cara a su hijo. Y digo mujer por decir algo, por calificarla de algún modo, porque esa persona madre no era. El niño lloraba desconsoladamente. Podía ver en su rostro la tristeza. Cierro los ojos. Está todo oscuro. Oigo pasos y voces. Abro los ojos. Sigo sola, inmensamente sola.
Miro por la ventana y veo luces en el edificio de enfrente, una de esas torres de fierro y cemento como en la que vivo. Pensar que en cada luz hay al menos una persona... ¿Cómo serán sus vidas? ¿Cómo se sentirán hoy? Un perro ladra, una voz de anciana fumadora se queja y yo sigo sola, mirando las luces. Estoy rodeada de gente pero sigo sola. Que irónico suena pensar que tengo gente tan cerca y a la vez tan lejos. Gente que ni siquiera conozco, más allá de mi curiosidad por sus vidas.
Somos tan ínfimos, tan efímeros y a la vez tan importantes para algunos...
Él está lejos. Hoy particularmente está muy lejos. Y yo estoy acá, hablando sola o conmigo misma por decirlo de algún modo.
Es increíblemente tétrico el funcionamiento de la sociedad. Pensar que en este instante hay gente que muere, nace, ríe, llora, gasta su dinero en una costosa cena, revisa basura en búsqueda de sobras...
En este momento hay gente charlando con amigos, familiares, novios, novias. Hay gente. Y yo sola...

Su sangre sabe a rabia

Una lágrima salada corre así
por su mejilla marcando un
río de sal donde la sangre habita.
Ya ha pasado primaveras,
ya ha vivido en los inviernos.
Su instinto despierta
en las más oscuras circunstancias
de la vida apaciguada
por la muerte resentida de envidia.
La rabia brota de sus labios,
el amor serena sus mejillas,
el río de sangre se ha calmado

Reflejo de ti, tu pensamiento

Despertarte ahí, ni bien sale el sol
sabiendo que jugaste toda la noche,
recordando cada uno de tus pasos.

Estirarte y mirar hacia delante
para pensar en el tiempo que pasaste acurrucado.
Contemplar tu cuerpo…

Mirar tus manos y volver a sentir,
sentir todo eso que ayer tocaste.
Observar toda esa belleza…

Abrir los ojos, ver más allá
observar a través de lo que realmente hay,
encontrar tu propia realidad.

Y repentinamente enterarte, y de golpe asimilar
que no eres más que lo crees ser,
que no eres menos que lo que pretendes ser.

Aceptar que ellos ven de ti
sólo lo que tú les permites ver,
sólo lo que tú quieres que ellos vean…

¡Qué gran decepción!

Por un momento pensé que era mío
¡Qué idiota que fui!
¡Qué ilusa!

Sólo un instante me duro esa alegría.
Sólo un instante, mi corazón.
Sólo un instante esa armonía.

Debilidad es lo que siento,
fragilidad es lo que me inunda.
Un hueco es lo que habita en mi pecho.

Mi memoria me traicionó
al igual que mi sentidos,
al igual que inconsciente.

Ese verso jamás será mío,
ese verso será del viento.

Psicólogo personal

_ ¿Qué te pasa?
_ Cosas. ¿Viste cuando sentís algo pero no sabes exactamente que?
_ Sí, pero… ¿Qué cosas te pasan?
_ Depende de lo que signifique “cosas” para vos.
_ Todo aquello que te moleste, te afecte o te haga sentir algo.
_ Siento que el tiempo pasa, y pasa, y pasa y que hice mucho y no hice nada a la vez.
_ Pero para, ¿De qué estamos hablando, puntualmente? No te estás refiriendo a cosas al aire.
_ De la vida, de la vida hablo.
_ ¿Y que te hace pensar que no hiciste nada de la vida?
_ No, no. Siento que hice mucho y a la vez nada.
_ No me lo dejas fácil para tratar de comprenderte y ayudarte.
_ Digamos que hice varias cosas, pero nunca perduraron.
_ ¿Cómo que?
_Como nadar, tocar la guitarra, ir a un colegio militar, actuar, como esas cosas. Creo que lo único que hice constantemente en mi vida fue leer.
_ Pero eso no es malo. Uno va probando en la vida distintas cosas hasta encontrar lo que mejor le haga y lo que más le guste. Creo que todos, y me incluyo, hemos ido probando cosas y después nos arrepentimos de dejarlas, pero ya no queremos volver a intentar entonces lo dejamos.
_ Lo sé, es sólo que probé muchas cosas y realmente no me arrepiento de haber retomado o haber dejado varias de ellas.
_ ¿Entonces?
_ Es entonces cuando me doy cuenta de que no puedo pasar el resto de mi vida probando.
_ Ahá…
_ O al menos eso es algo que no quiero.
_ ¿Debido a?
_ Debido a que no quiero ser algo incompleto.
_ Entiendo…
_ No lo creo.
_ Sí, te entiendo.
_ Entonces ya tengo mi respuesta.

Pierdes el tiempo

Sentirás el frío correr por tu cuerpo
sentirás el agua tapar tus sentidos
sentirás a las olas mover tu cabello.

Una ráfaga de azul que calma tu cuerpo,
tus ojos hechos vidrio miran el cielo.

Tendido estas ahora sobre la arena,
tendido ahora en la amarilla arena.

No hay buenos ni malos poetas

Puedes tener más o menos talento
puedes ser blanco de grandes críticas
puedes poseer un gran vocabulario
o puedes escribir con simples palabras.

Puedes basarte en hechos vividos
o puedes inventar para luego vivirlos.
Puedes decir que todo está perdido,
puedes rescatar cosas del olvido.

Puede que a todos les agrade tu obra
puede que varios no la hayan entendido
puede que muchos piensen que eres un fracaso
puede que otros te den por aludido.

Y es entonces cuando descubres
que no hay buenos ni malos poetas,
y es sólo entonces cuando recuerdas
que alguna vez fuiste incomprendido.

Navidades

En las fiestas siempre pasa lo mismo: se reúne toda la familia, se buscan cosas lindas para regalar, se cocina para cuarenta (aunque en realidad comamos como todos los días y sobren cosas), algunos terminan contentos con su regalo, otros no tanto…
Hasta acá habrás dicho: “posta, es verdad”. Pero claro esa es la realidad que una parte de la población vive, que sólo una parte siente. ¿Y qué hay de aquellos que no tienen nada? ¿Qué pasa con los chicos que no tienen esos lujos que nosotros consideramos cotidianos a estas fechas?
Quizás habría que dejar de lado “nuestras cosas cotidianas” tan sólo por un segundo, para reflexionar, por que el mejor regalo que se le puede dar a alguien en estas fiestas es un gran pack de reflexión, amor, alegría y comprensión.

Momentos y Confusiones

Parte I

Tardes, días, noches…
Ya no soy,
ya no sé lo que pienso.

¿Y qué hacer,
qué sentir,
dónde buscar?

Miro atrás,
me detengo,
no voy a volver.

Sensación rara,
extraña.
Pero puedo vivir con ella.

Segundos, minutos, horas.
¿Qué me pasa?
Al menos soy feliz.

Sin presión,
voy a seguir.
Ahora lo acepto.

Parte II

Quizás no seas lo que busco,
tampoco pretendo que lo seas.

No podes entenderme,
sé que cuesta, es difícil.

No voy a cambiar,
pero estoy intentando.

Mi parte egoísta me gana,
sé que no lo soportas.

Probablemente nunca termine,
aunque quizás lo termine hoy.

Y no quiero lastimarte,
y pretendo no herirte.

No voy a cambiar,
pero sigo intentando…

Microespacio

La luz se apaga en su habitación. Enciende la música, yace en su cama. En la oscuridad se siente mejor. Y no por esconderse, y no por no encontrarse, sino por lo frío. Lo frío que lo tensa. Tensión que busca, la busca para dejar de lado la calidez del día, la falsedad de la luz, la luz que baña en oro una ciudad amarga. Esa ciudad lo ha visto de tantos modos, esa ciudad le dibujó tantas circunstancias y le tomo tantas cosas, le tomo tantas horas... y es por ello que se refugia en su habitación. Busca un microespacio en el universo, en su continente, en su país, provincia y cuidad. Un microespacio que sea de su agrado, que lo contenga, un microespacio que lo acoja.
En penumbras, con música tranquila, pero no tranquilizante, se regocija en su monotonía, se funde en su unanimidad. Piensa en todo lo que ha vivido de día. Por un momento un viejo recuerdo vuelve a su memoria, si, era producto de la música. Su mente viaja a otro lugar, a otro tiempo. Se ve jugando en el patio de la casa donde creció. Se ve feliz, realmente feliz. Y en esa felicidad, en ese regocijo, en ese instante, en ese efímero instante en el cual todo se mezcla, en el cual sus viejos sentimientos vuelven, en el cual su mirada ya no mira nada, pero a la vez observa todo, en ese momento culmine de sus pensamientos cae en un sueño profundo, muy profundo...

Me escurro entre tus dedos

Como un puñado de arena entre las manos,
yo soy la arena, vos sos las manos.
Podes hacer de mi lo que quieras,
podes tocarme, podes sentirme…

Podes apretarme suavemente
Hacerme girar entre tus dedos,
tirarme y juntarme de nuevo.
Yo me adapto a lo que quieras.

Pero tenes que entender que vengo del mar,
tenes que comprender que no me voy a quedar,
tenes que saber que estoy jugando con vos
del mismo modo en que vos jugás conmigo.

Los cuentos, la realidad, la fantasía y nosotros

Se había cansado de que le digan que su vida es perfecta. También se cansó de que le dijeran que estaba mejor que otros. ¡¿Y ellos qué saben?, si no viven lo que vivo!, lo gritaba en su mente todo el tiempo.
Su cuerpo estaba cansado, su mente repetía imágenes. Todo lo maravilloso de su vida, ¿era maravilloso realmente? Siempre la misma pregunta. Esa pregunta escondía detrás otras cosas, otros pensamientos, sentimientos.
¿Había utilizado su vida para hacer lo que realmente anhelaba? Creo que no, porque él mismo se lo preguntaba día y noche. ¿Qué pasó con sus sueños? ¿Dónde quedaron sus inquietudes? ¿Dónde quedó su felicidad?
Aparentemente todo se estancó en el mismo punto. Una parte de su vida fue realmente disfrutada, pero sus sueños se perdieron con los años, se perdieron en el tiempo. Sus inquietudes se aquietaron en un freezer de conocimiento. Su felicidad quedó plasmada en su último cuadro.
Se cansó de hablar. ¿Para qué hacerlo?, si nadie escuchaba sus opiniones, si a nadie le preocupó su lírica. Intentó elevar su voz repetidas veces pero sólo le respondieron gritos. Que dolor de cabeza, que dolor de cabeza. Simplemente juntó sus labios, tan sólo cerró su boca. Comenzó a hablar silencios.
Cuando era joven le cercaron la vida, cuando era joven eligieron su vida. Él pintaba, él dibujaba. Su alegría eran sus obras. ¿Pero cómo lograr que la familia entienda? Imposible. Lo intentó miles de veces hablando, lo intentó miles más con sus ejemplos tangibles, con sus cuadros preciados. Ninguno entendió jamás su punto de vista, nadie comprendió lo que pasaba por su mente, por su cuerpo, por su vida.
Su padre era arquitecto, su madre abogada, su hermano médico. Él no podía ser sólo pintor. Su padre no le permitió estudiar arte, se basaba en que era una profesión sin futuro, en la cual había que tener suerte y en que esos preciados cuadros que su hijo elaboraba eran, simplemente, basura.
A fin de cuentas estudió leyes, total siempre iba a haber alguien a quien defender, alguien a quien juzgar. Entre tanto seguía pintando, con la misma pasión de siempre pero sin el encanto de antes.
Paso un año, dos, tres, quince. La misma rutina, pero ya no pintaba. El tiempo había robado su amor, el tiempo había absorbido su vida.
Fue ese día, ese día dejó de hablar. El día cuatro del mes seis de ese año quince. Perdió el juicio ante el tribunal, condenaron a muerte a alguien inocente. ¿Para qué palabras? ¿Para qué? Esa vez las palabras no ayudaron, se volvieron inútiles, inútiles como hace quince años atrás, inútiles como en varias ocasiones de su vida.
Como no hablaba no podía defender, no podía probar nada y no podía juzgar a nadie. Dejó de trabajar. Volvió a su casa, sin hablar.
Nadie lo esperaba en su casa. Nunca nadie lo esperaba. Treinta y tres años y nadie lo esperaba. Una vez se enamoró, sí, él lo recuerda perfectamente. La había ilustrado en un pequeño lienzo, un lienzo lo suficientemente pequeño para no distinguir grandes detalles, un lienzo bastante grande para recordarla a ella: un lienzo perfecto.
Treinta y tres años y un abismo. Fue a la librería y compró un lienzo, compró acrílicos, consiguió pasteles y algo de óleos, pidió todo sin hablar, lo pidió con esa luz de tristeza en sus ojos.
Volvió a su casa donde nadie lo esperaba. Abrió las ventanas, tiró los papeles de la mesa. Desenvolvió el lienzo, pintó en él con sus dedos recordando viejos tiempos.
Era de noche. Terminó el cuadro, cerró las ventanas, apagó las luces. Se recostó en la mesa.
Ahí lo encontraron. Plasmado en la mesa impregnada de colores, en un ambiente de quietud, en su propio cuadro. Junto a la ventana se hallaba el lienzo, ese era un lienzo desesperado. ¡Qué tarde se dio cuenta de las cosas!
Y fue en ese instante en el cual todos se preocuparon por sus opiniones, en el cual todos derramaron una lágrima. Pero ya era tarde, nunca más pintaría…

Libros y cofres

Yo soy de esas personas que suelen guardar cosas en los libros, la verdad es que siempre encontré refugio en ellos y desde chica pensé que serían un buen cofre para mis pequeños tesoros, junto a todas esas letras que forman historias increíbles.
Hoy me puse a buscar esos tesoros en mi biblioteca, sólo para recordar viejos tiempos.
Dentro de un libro de música encontré una hoja en la cual practiqué la clave de sol, que no me salía. En un libro de lengua y literatura encontré una nota: “Paz en la guerra-Unamuno”, libro que aún no leí (recuerdo que lo anoté porque su título me llamaba la atención. Un libro de cine guardaba el primer capítulo de una novela que nunca terminé de escribir. Un atlas soltó un papel que dice Alemania en dorado, completamente decorado…algún día debo ir a ese país. Adentro de “Pequeño mundo” encontré una planchuela de stickers que me gusta tanto que nunca la usé. En un libro de José Narosky me topé con una carta que nunca entregué. En “Los soles restantes” hallé una mariposa naranja y amarilla y una hoja rojiza de un árbol. En el interior un libro de arte localicé un trébol de cuatro hojas, dicen que traen buena suerte.
¿No resulta increíble como se pueden guardar tantas cosas, situaciones, emociones y recuerdos en los libros?
Me acuerdo perfectamente cuando guardé cada una de esas cosas y espero que pasen unos meses así vuelvo a mi biblioteca a ver que tesoros encuentro, porque uno necesita recordar; si no recuerda, muere.

Libertad corporal

No creo en la vida después de la muerte,
sino sería sólo vida y no existiría la muerte.

Y eso de las reencarnaciones me parece pura mentira,
sino en mi próxima vida sería lo que soy todos los días.

Entonces me pasa que no se que pensar
y pienso si podría dejar de pensar
y siento que puedo
y en el intento muero...

.

Intercambiando funciones

Pintaba una luz con el puño de su mano
con su lumbre apagaba una idea.

Con su boca escucha al silencio,
sus oídos comienzan a hablar.

Está tan lleno de vida,
se siente plasmado de magia.
Cree que no morirá jamás.

Piensa en lo alto que va a volar
y se apura, el tiempo no espera.

Especula, ya finalizará.
Cambia de rumbo su vida,
ya no va a retornar.

Indecisión

¿Y si todo eso ha sido un sueño?
Realmente siento que no se que sentir.
Se me hace difícil elegir lo quiero,
siento tantas cosas.

De momento en momento
pienso cada vez más,
es increíble como el tiempo se va
y sigo sin saber que hacer.

Es tan difícil decidir,
ya no se como hacer.
Todo me preocupa,
todo me desorienta.

Enredada en los hilos del destino

Se destruyen mis sentidos,
no se como escapar.
Tengo miedo del resultado de
este juego doloroso que jamás acaba.
Siento los nervios hundiendo mi cerebro,
pintando realidades que desconozco.

Algún día todo lo malo quedará atrás.
No pretendo ser de las mejores cosas,
no quiero ser lo mejor en tu vida.

Mi mundo se torna a una idiota naranja
que no sabe hacia donde rodar,
se transforma en una canica partida,
en la confusión de un niño,
un niño que llora en su habitación.

Quiero que sepas una sola cosa,
quiero que entiendas que aún sigo viva.
¿De que me sirve?, es la pregunta...
No tengo nada, no tengo risas.
La pasaba tan bien con vos,
fueron de los mejores días.

¿Y que importa si los demás miran raro?
Sólo me importa tu opinión al respecto.
No espero respuesta inmediata.
Mi acto fue un crimen desperfecto,
algo inesperado, aunque no se,
no se si se borre con el tiempo.

El peso de lo ambiguo

Cada página muestra un recuerdo desquiciado
buscando volver a la mente de su dueño,
buscando vivir en los lagos secos.

Neblinas cegadoras enviolentadas
por la sucia conciencia que pesa en su alma,
todo eso que guarda en su cuerpo.

El hombre en la habitación

Una ventana y un cuadro mojado
una puerta y un árbol se cae
una mesa y una huella en suelo
una silla y la mirada hacia atrás.

Un jarrón y una flor marchita
un pañuelo y una lágrima seca
una pared y un reloj dado vuelta
un par de ojos y un recuerdo en el cielo

Desgaste, mi rutina

Oscuridad. Una figura en el cielo raso; el display del reloj rojo sobre la pequeña mesa blanca me dice que son las cinco. Me doy vuelta, estoy enredado en las sábanas grises. Restriego mis ojos, miro mis manos, me estiro. Sigo enredado. Empiezo a buscar mi cuerpo bajo las sábanas, finalmente encuentro la punta de mis pies, mi cuerpo entero. Mi aspecto cadavérico no resalta en éstas sábanas, quizás sea positivo seguir dentro de ellas.
Cinco y diez. Mi cuerpo desnudo caminando hacia el baño. Mi dedo largo y flaco toca el interruptor, mis ojos ven el reflejo de lo que externamente soy. El agua comienza a caer en la bañadera, agua fría que de a poco se entibia. Siento cómo aumenta la temperatura del agua a medida que mi cuerpo se humedece más y más. El líquido comienza a enfriarse, salgo de él. Seco mi cuerpo con una suave tela.
Vuelvo a las sábanas, sólo que ahora estoy sobre ellas y el reloj indica que son las seis. Abro el cajón que está al lado de mi cama y me visto. Las medias, la ropa interior (aunque no sé por qué se denomina así), un jean bastante viejo, una remera gastada y ese suéter que tanto amo.
Camino hacia la cocina, preparo mi taza de café. Comienzo a sentir el placentero olor que despide el mismo y comprendo que ya está listo.
Merodeo por la casa con mi café en mano, miro por la ventana; ayer llovió, me gusta la lluvia, me tranquiliza. Cuando caminaba hacia la sala de estar me quedé sin café.
Dejé la taza en la cocina y agarré las zapatillas que me aguardaban en el pasillo, me senté en el sofá y dejé que mis manos coloquen suavemente las queridas y simples zapatillas en mis ya gastados pies protegidos por las medias.
Me acerco a la puerta, salgo a la calle, el sol pega en mi frente. Hoy es otro día para gastarme un poco más.

Descalza jamás

La arena bajo mis pies
y los zapatos en mis manos.

¡Qué ironía! Me voy alejando,
dejando huellas a mi paso.

El agua roza mis dedos,
tu mano acaricia mis cabellos.

Tu voz no tiene sentido
sin embargo lo que dices suena lindo…

La marea sube y yo sigo caminando,
me alejo del mar y tú sigues a mi lado.

Caminamos y caminamos diversos caminos…

No quieres que vaya descalza,
dices que podría lastimarme.

No quieres que vaya descalza,
pues el tiempo pasa y mis pies se gastan.

No quieres que vaya descalza,
sin embargo lo hago.

No quieres que vaya descalza,
no quieres que me lastime.

Yo te miro a los ojos
y comprendes…

Todo lo que caminé
alguna vez me dejó heridas.

Pero hoy te tengo a mi lado,
hoy harás sanar mi vida.

¿Cuántas veces abrí mis ojos?

Abro mis ojos y veo nada,
los cierro y hallo un abismo.
De a poco me sumerjo en el aire,
de a poco creo que estoy vivo.

Tapo mis oídos y oigo silencios,
los descubro y encuentro mil voces.
Esas voces hablan de todo,
esas voces no dicen nada.

Cae mi mandíbula y escupo palabras,
la misma se contrae, hablo sin hacerlo.
Extiendo mi mano y siento frío,
contraigo mis dedos, calor, sigo vivo.

Quiero, no quiero, quiero y acepto.
Acepto estar, estar… estar vivo.
Me muevo en un espacio,
un espacio pequeño, un espacio gigante.

Corro, vuelo y sonrío
caigo y caigo muy fuerte.
Tropiezo y caigo despacio,
tropiezo y hallo mi muerte.

Crisis

Todos atravesamos crisis, más o menos profundas unas que otras, pero en fin todos alguna vez tuvimos una de esas. Por ejemplo, yo en este momento estoy teniendo una crisis. Estoy en el comedor de mi casa, escribiendo con una lapicera con la cual no acostumbro a escribir. La verdad es que escribir con esta lapicera fue mi idea desde un principio, resulta que la lapicera con la cual escribo siempre está en mi habitación y no tenía ganas de ir por ella. ¿Qué tiene esto que ver con la crisis que atravieso en este momento? Tiene mucho que ver. Antes que nada, cuando a uno le cambian algo ya comienza a explorar. ¿Será malo? ¿Será bueno? ¿Para qué me sirve? ¿Por qué?
Esta lapicera parece ser como cualquier lapicera y sí, escribe. Pero no escribe como la lapicera que siempre utilizo. Ahí es donde uno se pregunta qué es lo que tiene de raro y comienza a observar. La punta de esta lapicera es distinta a la de mi lapicera, ah, es verdad, esta lapicera también es mía. Ahora me pregunto que es lo que me agrada o me incomoda de ella. Me agrada que su tinta sea azul, pero no me agrada el trazo porque no es fluido. La verdad, su trazo me molesta bastante, tengo que escribir rápido y ejerciendo mucha presión. Estoy llegando al momento cúlmine de mi crisis, ya me harté de esta maldita lapicera, lo único bueno que tiene es común a una gran parte de las mismas, y sí, escribe aún. Pero escribe por que yo comencé a escribir con ella, todo por no ir hasta mi habitación, por no hacer unos pocos pasos, todo por buscar el lado fácil, al final me topé con algo más difícil de lo que quizás me podría haber cruzado en un principio. Todas las crisis son así, gran parte de la culpa es nuestra, por que sino no serían nuestras crisis.
Este es el preciso instante donde uno debe decidir si su crisis va a devorarlo o si por el contrario, uno eliminará la crisis. Yo elijo ir terminando con esta crisis, pero claro, no es nada difícil: sólo tengo que dejar de esc

Casi imposible de creer

Una historia que empezó casi espontánea
de dos chicos que se amaban con locura.

Él era su calma todo el tiempo,
él era su mano segura.

Ella lo acompañó en malos momentos,
sus ojos eran faroles encendidos.

Él la protegió de los temores,
él la acompañó por el camino.

Ella no soporta situaciones,
él le suplica que lo entienda.

Ella se aleja…

Desolado él le suplica con locura,
con locura le suplica que se vean.

Todo queda en su memoria ese día,
incluso aquel último beso resucita.

De ella nunca se supo nada…

Una charla le recuerda lo vivido,
una imagen que no sale del olvido…

Ausencias

Primavera de mil colores busca florecer
intacta en tus manos,
tan feliz como la vida misma…

Sin saber que de a poco se apaga
busca el mural de su alma,
lo pinta de otro color.

Pone la cara a la luna
pero ella ya lo olvidó.

Dice creer en el destino
pero no le gustó lo que él le envió.

Prefirió cambiar alas negras
por un par de alas de color.

Dijo al viento que callara,
pidió al silencio su voz.

En lo más oscuro de su alma
se vio brillar desamor.

Artista

Su mente es una máquina,
sus ojos son espejos,
sus manos un canal
para plasmar el reflejo.

Capta realidades,
percibe más allá.
Transforma lo que ve
para luego reflejarlo.

Crea mundos propios,
mundos distorsionados.
Mundos de realidades,
mundos dentro de cuadros.

Da una nueva visión
del mundo que habitamos.
Basado en éste lugar
crea su lugar pensado.

A veces más realista,
a veces imperceptible.
Volumen, color y espacio
le dan forma a su idea.

Te hace sentir feliz,
te hace sentir quizás triste.
Te puede conmover
eso que algún día viste.

Ardientes tus pupilas

Miro el horizonte y me detengo a pensar
me pierdo a lo lejos entre las curvas.
De repente me cruzo con tu rostro,
tu mirada encandila en mi camino.
Esa luz que me cega por completo,
es la luz que define mi destino.

Y ya no importa si el mundo viste de negro,
con tu luz mis noches se hacen días.
Tus ojos son luces doradas,
doradas y llenas de vida.

Tus ojos brillan ardientes,
mis ojos observan serenos.
Estoy esperando el momento,
el tiempo pasa y tú sigues inmóvil.
Yo sigo esperando y espero,
espero el momento de decir que te quiero.

Alguien te espera

Momentos, silencios,
suspiros, nervios.
Bronca, emociones,
sentimientos, sensaciones.

El día pasa
las horas vuelan,
si tú no corres
el tiempo no espera.

Y no te busques
no te pierdas,
que por más que corras
aquí te esperan.

A la deriva

Vayamos a un recital aunque no sepamos quien toque,
fumemos un cigarrillo, caminemos por la costa.
Entremos a un bar y pidamos algún trago.
Busquemos caracoles en la arena.

Andemos a caballo, nademos un rato.
Tomemos un colectivo que nos lleve a cualquier lado.
Perdámonos en un bosque,
escalemos alguna montaña.

Pensemos que hacer de noche,
juguemos a vernos de día.
Escondámonos bajo la alfombra,
hallémonos entre las risas.

Planeemos hacia donde fugarnos,
elijamos el lugar más alejado.
Encerrémonos en nuestras mentes,
luego compartamos lo que encontramos.

Subamos a nuestro taxi imaginario,
paseemos en las calles de la intriga.
Disfrutemos los colores y las formas,
hablemos de las cosas de la vida.

Esperemos que el tiempo pase,
invitemos un rato a la envidia.
Incitemos a la locura,
que aún no terminan los días.

lunes, 4 de octubre de 2010

Pensamiento en dos

…"Si hubiera una forma de quedarme con vos y no lastimarte, si hubiera en estos rumbos
algunas señales de que la vida da de hecho segundas oportunidades", pensaste mientras me mirabas vestirme.
Y yo, callada como siempre, siendo la coraza de lo que realmente soy, pienso mil cosas que querria decirte.
Pero al final digo unas pocas, de las que mas hieren, de las sin remedio, de las que pense que serian las valideras.
De todas maneras –pense mientras ahora vos te vestias- es imposible no volver, y es tan triste no querer,
no querer por miedo a lastimar, no querer por miedo a hacer sufrir. Me abrasaste con el alma, me abrigaste
con tu ropa y me besaste, y me besaste y no sabia que decir. Mentira, si sabia que decir, pero la melancolia
me invadia y la tristeza llenaba mi alma..
"Si te hubiera conocido en otras épocas…", volviste a pensar, sin saber que quizas nada hubiese pasado,
por que todo viene a su debido tiempo. Sin saber que el miedo debia asustarse de si mismo, para enfrentar el temor mas grande
y dejar que los recuerdos sean solo recuerdos. Tal vez, en un momento, hubieses querido perderte entre mi piel sin remedio
y no hubieses buscado una forma de salir de mis ojos. Pero la realidad era diferente, afuera la mañana traía un aire frío,
una humedad especial y te tome del brazo.Caminamos unas cuadras, cuadras vacias de gente y llenas de melancolia, tristezas y adios.
La fría mañana de agosto era alguna especie de revelación, si hubiera forma de quedarme la buscaría, pero mi cerebro
no registraba los pasos que mi corazon iba dando. No la hay y la brisa me despeina, desesperada y desesperanzada intento
no encontrar tus ojos, quiero callar, no quiero herirte y la vez quiero quedarme y no irme. Tal vez ya no te vea mas,
tal vez el siguiente beso sea el ultimo.Y me voy...
Pero mi necesidad por vos supero mis caprichos. Nos volvimos a encontrar pero sabiendo quienes somos y que queremos.
Ya no actuamos, queremos conocernos. Las caricias timidas se transformaron en la droga de la cual dependen nuestros cuerpos.
Y todo lo que quiero que aprendas es que el pasado es un lindo recuerdo. Y quiero que seas feliz, quiero verte reir.
Y eso que creias una farsa se transformo en realidad: sos capaz de querer a alguien…, no quiero dejarte ir nunca
hasta que se haga de día y de noche y de nuevo de dia. No voy a irme nunca, no voy a dejarte sufrir. Tan solo voy a amarte...

jueves, 30 de septiembre de 2010

Verás

En el reflejo de sus ojos podía observar la figura turbulenta del fuego chispear. Mil millones de veces le habían herido los sentimientos. Sí, ya lo se, a todos nos hieren a veces. A él lo hieren siempre. Que es tonto, vago, atorrante, molesto, pesado, inútil, un trapo nuevo, pero inservible. Sus lamentos eran oídos por el aire. Alto, flaco, desgarbado, casi un saco de huesos a punto de colapsar. El único órgano que le importaba era el que en peor estado se hallaba, no físico, sino "almíco", como el solía explicarlo. Es difícil, si, lo se, también se que lo fue y que lo será. Su vida ha sido un infierno marchito sin llegar a convertirse en algo más que un conjunto de momentos efímeros en la nada. Juzgado, siempre juzgado por demás. ¿Acaso nadie sabe cerrar su boca por unos instantes, estúpidos instantes? Parece que no. Claro, es fácil hablar del pobre Ian, ese flacucho con cara de triste, pocos amigos y muchos libros. Lo complicado es hablar de uno mismo, ¿no?
Ian sabe que es lento con las mujeres, hábil con las letras, fracasado en matemáticas, horrible para el baile ( peor para el canto) y tímido. Pero yo se que es más que eso. De hecho en sala de mi casa exhibo un cuadro pintado por él. Nadie cree que Ian haya podido hacerlo, pues claro, es el retraído de Ian, ¿cómo podría ese escuálido ser pintar algo tan bello? Y ese es el punto, el es bello; incomprendidamente bello...