martes, 5 de octubre de 2010

Luces

El televisor encendido. El humo del cigarrillo y el cenicero en la mesita ratona. Yo, yo y yo. Sola. Ahí, sentada en el piso. Pestañeando voluntaria y continuamente. Con un sentimiento de angustia agotador.
Ayer caminaba por la calle y a vi a una mujer pegarle en la cara a su hijo. Y digo mujer por decir algo, por calificarla de algún modo, porque esa persona madre no era. El niño lloraba desconsoladamente. Podía ver en su rostro la tristeza. Cierro los ojos. Está todo oscuro. Oigo pasos y voces. Abro los ojos. Sigo sola, inmensamente sola.
Miro por la ventana y veo luces en el edificio de enfrente, una de esas torres de fierro y cemento como en la que vivo. Pensar que en cada luz hay al menos una persona... ¿Cómo serán sus vidas? ¿Cómo se sentirán hoy? Un perro ladra, una voz de anciana fumadora se queja y yo sigo sola, mirando las luces. Estoy rodeada de gente pero sigo sola. Que irónico suena pensar que tengo gente tan cerca y a la vez tan lejos. Gente que ni siquiera conozco, más allá de mi curiosidad por sus vidas.
Somos tan ínfimos, tan efímeros y a la vez tan importantes para algunos...
Él está lejos. Hoy particularmente está muy lejos. Y yo estoy acá, hablando sola o conmigo misma por decirlo de algún modo.
Es increíblemente tétrico el funcionamiento de la sociedad. Pensar que en este instante hay gente que muere, nace, ríe, llora, gasta su dinero en una costosa cena, revisa basura en búsqueda de sobras...
En este momento hay gente charlando con amigos, familiares, novios, novias. Hay gente. Y yo sola...

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