Una lágrima salada corre así
por su mejilla marcando un
río de sal donde la sangre habita.
Ya ha pasado primaveras,
ya ha vivido en los inviernos.
Su instinto despierta
en las más oscuras circunstancias
de la vida apaciguada
por la muerte resentida de envidia.
La rabia brota de sus labios,
el amor serena sus mejillas,
el río de sangre se ha calmado
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